
...lo que pasaba es que hay fenómenos en la naturaleza que parecen increíbles; además cuanto más extraños o monstruosos con menos frecuencia suceden, pero no por ello debemos desdeñarlos. Este caso es uno de ellos.
Es n
ecesario remontarnos a los orígenes de esta leyenda. Tenemos que retroceder en el tiempo hasta el siglo X antes de Cristo y desplazarnos desde Venecia - a la cual más adelante volveremos- hasta las tierras que son bañadas por el Mediterráneo oriental.En el antiguo pueblo de Israel, en una de las doce tribus, varios siglos antes del nacimiento de Jesús de Nazaret, vivía una familia modesta que, aunque eran agraciados y de buena presencia física, tanto los varones como las hembras -según decían las habladurías- de tanto en tanto eran maldecidos o bendecidos, según se mire, con hijos un tanto extraños. Hoy en día diríamos que se producían varías mutaciones o que tenían alguna predisposición teratogénica.

- ¿Qué tal está Ruth, Mateo?
- Mi mujer está pasando una difícil situación, tiene un embarazo muy extraño, lleva más de diez meses de gestación y el sanador se teme lo peor...
- Lo peor, ¿para tu futuro hijo o para tu mujer?
- Para ambos... El sacerdote ha estado consultando sus métodos adivinatorios y predijo extraños augurios que no sabe interpretar del todo, pero nos está preparando para lo que pueda suceder, aunque dice que no es cosa maléfica sino que se trata de un posible prodigio del Inombrable Altísimo.
Una semana después nació una criatura bastante formada, muy despierta, con cara angelical, pero que poseía tanto los órganos sexuales masculinos como los femeninos, tenía como ensamblado a su posible hermano mellizo y la cabeza, aunque con dos ojos, era bastante más grande de lo normal.
La pobre Ruth, con los terribles desgarros producidos en el parto, murió desangrada. Pusieron de nombre a este extraño ser, mitad hombre mitad mujer, Mathula, que era la unión de Mateo y del nombre Ruthula, que así aparecía el nombre de su difunta madre en algunos manuscritos antiguos.
Mathula era de rostro agraciado pero grande y tenía una descomunal espalda para ser un recién nacido. Creció y dio muestras de una increíble fuerza y una prodigiosa inteligencia, pero como los humanos s
omos envidiosos y temerosos de los que son diferentes, a poco de cumplir 18 años se fue a vivir él solo a la antigua Jerusalén, donde prosperó como hábil comerciante. Aunque tuvo sirvientes, inició un tipo de vida reservada, mostrándose lo menos posible en sociedad. Allí, en Jerusalén, la ciudad del templo de Salomón, en una agradable noche estrellada, después del Equinoccio de Primavera, tuvo una experiencia que jamás hubiera imaginado.(Continuará en "Reencarnación en Venecia, 3ª parte")


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