sábado, 25 de octubre de 2008

Querida Siesta:

Nunca antes se me había ocurrido escribirte una carta, pero mira tú por donde, hoy, al ducharme, que es cuando me surgen las grandes ideas, he pensado en hacerlo.

Quiero pedirte disculpas por no haberte escrito antes, aunque he de reconocer que te aprecio mucho desde que era pequeño.

En todos mis viajes, el momento más agradable era llegar al alojamiento y encontrarme contigo. Tú siempre me has dado libertad absoluta en nuestros encuentros, no así Morfeo que imponía que estuviera totalmente dormido para acogerme en su seno.



Tú, sin embargo, eres suave y cálida, tranquila, eres la puerta de la suprema contemplación y del gozo del desapego.

Cuando he estado contigo, mejor dicho, siempre que estoy contigo, me recreo en los colores de la India, del Tíbet, de Australia, de S
uiza, de Italia, de la bella Granada, de Las Alpujarras, de la Pampa argentina, de las Islas Afortunadas, de todos los rincones de nuestra hermosa España.

No impones límites de tiempo, ni sitio, ni posición, ni condiciones. Puedo oler las fragancias de todos los paraísos que visito, pue
do oír, sin que te enfades ni te pongas celosa, el murmullo de las olas, a los niños jugando, puedo ver, a duermevela, un águila posada en un árbol al lado de mi casita de hotel en el Masai Mara, puedo incluso, sí, también, recordar la salida del Sol volando hacia los Himalayas.

Eres suave y deliciosa, como el tacto del ser amado después de...Tú siempre estás después de algo, pero no te importa,
al contrario, es tu esencia.

Gracias por todo queridísima Siesta, espero encontrarme contigo de nuevo lo antes posible, en cualquier parte de este mund
o.
Eugenio Martín

Foto: Copyright Eugenio Martín

sábado, 4 de octubre de 2008

La Alhambra fluye

Alhambra siempre fluyes,
eternamente renacida.
Vuela el Sol en tus muros
y en tus hojas.
Del Paraíso fluyen
tus olores y tus notas.


Eugenio Martín